Jul 13 2010
Que las naciones no se imponen a golpe de decreto o de Tribunal Constitucional.
El TC, en la sentencia sobre el Estatuto de Cataluña, ha zanjado más de dos siglos de debates sobre lo que es y lo que no es una nación. Ha dictado el alto tribunal que nación es lo que dicen ellos que dice la constitución española de 1978. O lo que es lo mismo, aquí no hay más nación que la Nación española (única e indivisible). Por tanto ya tienen todos los políticólogos, y demás científicos sociales que estudian el nacionalismo, un prototipo empírico al que acudir para medir el grado de nacionalidad: la nación española. Tiempo les ha costado pero es que la cuestión tenía enjundia.
Más de un millón de catalanes han contestado en la calle este eminente hallazgo científico. No saben el craso error en el que han vivido creyendo ser una nación cuando en realidad eran sólo una parte, respetable eso sí, de la indivisible Nación española. Claro si aquí sólo hay una nación y ni siquiera Cataluña lo es: ¿ que somos los demás ?. Deducimos, siguiendo la estela de clarividencia intelectual del TC, que los demás somos otras partes de la única e indivisible (otras partes quizás no tan respetables).
Estamos pues, tras la sentencia del TC, quizás frente al tránsito del “Estado de las Autonomías” al “Estado de las partes”. Qué lejos queda aquello, ¿verdad?, de la “nación de naciones” o del “Estado plurinacional”. Nada de eso. Fuera caretas buenistas. Aquí no hay más cera que la que arde, ni más nación que España o lo que es igual el Estado español. Noam Chomsky dijo, irónicamente, una vez que “lengua nacional sólo era aquella que tenía marina de guerra” pues eso es lo que dice ¿nuestro? TC.
Pero quizás vaya a ser que no. Y que las naciones no se imponen a golpe de decreto o de Tribunal Constitucional. Más aún todavía cuando la constitución, que de manera tan fraudulenta y abusiva se interpreta, tiene gravísimas carencias democráticas en el momento y el poder constituyente al que alude, cual oráculo, el TC.
Esperemos que la estupidez y cerrazón del nacionalismo español que representa la sentencia del TC no dé al traste con la posibilidad más sensata y factible de un Estado Federal plurinacional. Debería aprender de la reciente historia europea. Y saber , a estas alturas, a dónde conduce la imposición de la uniformidad nacional.